Muchos ya conocen «La tumba de las luciérnagas» (Hotaru no haka, 1988), la magistral película de animación del cineasta japonés Isao Takahata que, sin duda, es una de las mejores de la historia del cine, pero quizá no tantos conozcan la también magistral novela corta en la que está basada, obra del escritor Akiyuki Nosaka.
Se trata de una desgarradora historia inspirada en las vivencias de su propia infancia, a finales de la Segunda Guerra Mundial, cuando él y otros miles de niños y niñas se encontraron completamente abandonados a su suerte tras fallecer sus padres y madres, obligándoles a una lucha desesperada por sobrevivir en las peores condiciones imaginables y muriendo muchos de ellos por hambre y enfermedades.
Es imposible leer esta novela corta sin que te parta el corazón y te haga un nudo muy fuerte en la garganta. Sobre ella dirigió el maestro del cine de animación Isao Takahata una de las películas más emotivas de la historia del cine, una película tan hermosa como trágica, que nos recuerda lo que provocan las guerras especialmente a los niños y las niñas, una terrible y desoladora circunstancia que, por desgracia, sigue ocurriendo en la actualidad en demasiados lugares del mundo.
Por cierto, nadie mejor que él para llevar al cine esta historia, no olvidemos que Takahata es también creador de las míticas series «Heidi», «Marco: De los Apeninos a los Andes» y «Ana de las tejas verdes», así como de otros largometrajes como «El cuento de la princesa Kaguya» (1980), «Mis vecinos los Yamada» (1999) y «Recuerdos del ayer» (1991), entre otros.
Cita del libro
«Por la mañana, habían muerto la mitad de las luciérnagas y Setsuko las enterró a la entrada del refugio. «¿Qué estás haciendo?», «La tumba de las luciérnagas», y, sin levantar la mirada del suelo, «A mamá también la han metido en una tumba, ¿verdad?, mientras Seita vacilaba sobre qué debía responder, «Me lo dijo la tía, me dijo que mamá había muerto y que estaba en una tumba», y a Seita, por primera vez, se le anegaron los ojos en lágrimas».