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Opinión

Charles Chaplin y el reflejo más humano de las desigualdades sociales

Charles Chaplin fue uno de los mayores genios del cine y en sus películas reflejó como nadie las desdichas de la pobreza a través de su inolvidable personaje de Charlot, amado y admirado por millones de personas en todo el mundo, pero aun así fue injustamente expulsado de Estados Unidos, acusado de comunista.

En 1929, el año del crack de la bolsa que dio paso a la Gran Depresión en Estados Unidos, Rafael Alberti escribió una serie de poesías en homenaje a los grandes cómicos del cine, aquellos que con su talento y trabajo artístico eran capaces de hacer la vida mejor a millones de personas aunque fuera en blanco y negro. Lo hizo con el título «Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos», unas palabras de Calderón de la Barca que reflejaban con humor la candidez del artista y el disparate del mundo en el que vivimos. Y contiene versos que son auténticas perlas de sabiduría, como aquellos en los que habla de «la derrota del mar por los escaparates», reflejando el desdén con el que hemos abandonado lo esencial para entregarnos al consumismo y dejado atrás a los más desfavorecidos, encarnados por el personaje de Charlot.

Charles Chaplin durante su memorable escena del discurso en «El gran dictador» (1940)

Precisamente, hace tan sólo unos días se cumplía el 131 aniversario del nacimiento de Charles Chaplin (16 abril 1889 – 25 diciembre 1977), uno de los mayores genios de la Historia, uno de los artistas que más profundamente han retratado el alma humana y uno de los que más brillantemente han alzado su voz contra las injusticias y el belicismo. Por desgracia, ninguno de esos grandes méritos le sirvió al ser expulsado de Estados Unidos durante la caza de brujas en plena era del macartismo y verse obligado a vivir exiliado desde 1952 hasta su muerte en Suiza, acusado de comunismo por sus ideas progresistas, por luchar activamente a favor del bienestar común y de la justicia social para ayudar a los pobres, fueran del país que fueran (incluidos los rusos), tras el desastre de la 2ª Guerra Mundial.

Comenzando por todos sus cortometrajes y mediometrajes de Charlot (1914-1922), hasta sus magistrales largometrajes como «La quimera del oro» (1925), «El circo» (1928), «Luces de la ciudad» (1931), «Tiempos modernos» (1936) y «El gran dictador» (1940), la filmografía de Chaplin siempre tuvo como propósito reflejar con tanta humanidad como humor las penurias de la gente sin recursos en un mundo cada vez más mecanizado donde la desigualdad social aumentaba en lugar de disminuir; sin embargo, su inolvidable retrato del vagabundo nunca se alejó de la bondad y la esperanza, acorde con alguien que vivió en sus propias carnes la pobreza y el hambre durante su infancia en Reino Unido, pero que logró prosperar gracias a su gran iniciativa e ingenio. Y cuando tuvo posición para ello, luchó para dar visibilidad y defender a los que no lo consiguieron. Una lección para todos, especialmente en los tiempos que corren, donde se hace más necesario que nunca luchar por salvaguardar la salud y el bienestar de todos los seres humanos, cualquiera que sea su nacionalidad, raza, sexo, edad o clase social.

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