CRÍTICA
Leandro
Marques
Una
propuesta en tiempos de reciclaje
Es un
ejercicio imposible de realizar ni bien
terminadas las casi dos horas a puro vértigo y
suspenso que Ni una palabra tiene para
ofrecer. Pero un rato después, cuando toda esa
vorágine visual empieza a desprenderse del
cuerpo para dejar lugar al menos sensible
análisis racional, surge que es posible pensar a
la película dirigida por Gary Fleder (el mismo
de la taquillera Besos que matan) como un
parámetro de referencia del mundo en que
vivimos. Con casi todo ya pensado e inventado, no
quedan muchas otras opciones que el reciclaje
como medio a través del cual la mayoría de los
seres humanos modernos puedan canalizar sus
impulsos creativos innatos.
La cinta
protagonizada por el correcto -aunque no
brillante como en Wonder Boys, su
anterior trabajo- Michael Douglas, pareciera
tomar pequeños retazos e ideas de cientos de
películas del género para incorporarlos al hilo
de su historia. Hace recordar a todas en general
pero a ninguna en particular. Por esta razón,
mérito principal de Fleder, Ni una palabra
no resulta ser un mero producto mecanizado y
repetido sino que se constituye como un
filme que logra preservar cierta autonomía. Eso,
sumado a sus incesantes pasajes de acción y
misterio, le basta para convertirse en una buena
película, pero sobre todo, en una película muy
entretenida.
Tres ejes
narrativos independientes uno del otro, que con
el correr de los minutos empiezan a conectarse,
forman la base a través de la cual se desarrolla
la trama de la película. El principal de ellos
tiene como centro de acción a Nathan Conrad
(Douglas), un brillante psiquiatra de New York
que, tras atender a una joven y misteriosa
paciente, ve como su vida cambia abruptamente una
mañana, cuando su pequeña hija es secuestrada
sin motivo aparente. El segundo eje muestra al
líder (Sean Bean) de una
banda de ladrones de joyas en busca de venganza a
cualquier costo luego de haber sido traicionado
por unos de sus socios. Y el tercero cierra el
triángulo con la investigación que la policía
interpretada por Jennifer Esposito (se
destacó en Summer
of Sam, el último filme de Spike Lee) inicia a
raíz de dos violentos asesinatos.
Fleder
no ahonda en exploraciones introspectivas sobre
sus personajes, sólo se dedica, utilizando el
flash back como principal recurso, a explicar los
móviles que conducen sus comportamientos.
De esa manera, con permanentes incursiones en el
pasado, el enigma empieza a deshilvanarse, y
aquella misteriosa paciente pasa a convertirse en
el nudo de traumas que el doctor Conrad debe
desatar para poder salvar a su hija.
Pese a
algunos baches narrativos, otros cuantos clichés
(por ejemplo, la típica conversión en héroe
del personaje principal, "un hombre común y
corriente", con el que cualquiera puede más
o menos identificarse), la historia está bien
llevada por el director: siempre es atrapante e
intensa, y logra dejar sus puntos más flojos en
un plano secundario. Ella (la historia) es la
principal protagonista, no esconde otras
pretensiones, y justamente por eso la sensación
al final es más que positiva. Porque conoce sus
limitaciones y explota con buen tacto sus
virtudes.
En estos
tiempos de reciclaje, de retrospección, Ni
una palabra sirve para
demostrar que por más agotadas que estén las
imágenes o las ideas (fundamentalmente en este
género), siempre es posible encontrar la vuelta
de tuerca y aportar algo más. Allí reside su
mayor mérito.
Imágenes
de Ni una palabra - Copyright © 2001 20th
Century Fox, New Regency Pictures, Village
Roadshow Productions, NPV Entertainment, Kopelson
Entertainment y Further Films. Todos los derechos
reservados.
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