CRÍTICA
Tònia
Pallejà
Un
largo videoclip
El
argumento de El pacto de los
lobos recuerda
inevitablemente al de la burtoniana Sleepy
Hollow, ya que
ambos films parten de una idea muy similar: en un
marco histórico y un entorno rural determinados,
en los que la superstición prima por encima de
la razón, una criatura de oscuro origen siembra
el terror y la muerte entre sus habitantes; es
entonces cuando se solicita la intervención de
un hombre de ciencia venido de la gran ciudad,
que intenta esclarecer estos misteriosos sucesos
a la vez que se va perfilando una maquiavélica
conspiración entre los vecinos de la región.
Las dos películas, además, nacen a partir de
una popular leyenda local y, sin dejar de ser un
thriller de terror, participan de ciertos
elementos románticos y góticos, así como del
cine fantástico y de época. Por último,
cabría señalar que tanto Sleepy Hollow
de Tim Burton como el
presente film de Christophe Gans (Crying
Freeman) están fuertemente marcados por la
personalidad y el estilo habituales de sus
realizadores.
Pero aquí
finaliza toda comparación posible, porque si
bien la historia de aquel jinete sin cabeza se
ceñía a un corte clásico inspirado en la
filmografía de la mítica factoría Hammer, el
film de Gans evidencía fuentes tan variadas y
dispares -desde el gore al cómic, pasando por el
western, las artes marciales y las películas de
acción- que el resultado final de este collage
conceptual es tan rompedor como excesivo, tan
atrevido como desconcertante, puesto que toma
todos los tópicos de cada uno de estos géneros
y subgéneros, y los ofrece con un vanidoso afán
de innovación.
Se trata en
líneas generales de una idea potencialmente
atractiva que ha sido expuesta y desarrollada de
manera torpe y descuidada, aunque, eso sí, con
un pretencioso detallismo formal que parece
suplir dichas insuficiencias. En otras palabras, su
impresionante envoltorio estético y su lenguaje
fílmico cercano al videoclip contrastan con su
superficialidad y simpleza literarias.
Nos encontramos delante de un guión mediocre,
unos personajes pobres, cuando no absurdos, cuya
presencia es a veces difícil de justificar
(sobre todo en el caso de los femeninos), y un
hilo narrativo que deambula sin acabar de
encontrar su cauce y que tropieza desorientado en
varias ocasiones. Tras verla, a uno le asalta la
duda de saber qué ha ocurrido con parte de su
metraje, porque tras una primera parte
ciertamente loable que prometía una historia
bastante más que interesante, se sucede una
película llena de incoherencias y
despropósitos, sin intensidad dramática e
incapaz de mantener la atención del espectador.
Últimamente
son bastantes los directores franceses (Kassovitz, Delplanque...) que se
embarcan en grandes producciones que intentan
reconciliar el cine más hollywoodiense con la
tradición europea sin perder, a la vez, su
propia identidad. Es una lástima que Gans haya
tratado de reinventar el género de una manera
tan desafortunada y que los grandes aciertos de
esta película queden sumidos en este ejercicio
tan irregular y auto-recreativo.
El pacto
de los lobos se inscribe, pues, dentro del
más puro cine de entretenimiento, pero
paradójicamente resulta una cinta tan
aburrida como intrascendente, que explota los
recursos más gastados para acabar consiguiendo
escaso poder sorpresivo.
Imágenes
de El pacto de los lobos - Copyright © 2001
Studio Canal, Davis Films y Universal Pictures.
Todos los derechos reservados.
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