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cartel
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Dirección: Juan
José Campanella.
País: Argentina.
Año: 2001.
Duración: 124 min.
Interpretación: Ricardo
Darín (Rafael Balverde), Héctor Alterio (Nino
Balverde), Norma Aleandro (Norma Balverde),
Eduardo Blanco (Juan Carlos), Natalia Verbeke
(Naty), Gimena Nóbile (Vicky), David Masajnik
(Nacho), Claudia Fontán (Sandra), Atilio
Pozzobón (Francesco), Salo Pasik (Daniel),
Humberto Serrano (Padre Mario), Fabián Arenillas
(Sciacalli).
Guión: Juan
José Campanella y Fernando Castets.
Producción general: Adrián
Suar.
Música: Ángel
Illaramendi.
Fotografía: Daniel Shulman.
Montaje: Camilo
Antolini.
Dirección artística: Mercedes
Alfonsín.
Vestuario: Cecilia
Monti.
Decorados: Pablo
Racioppi. |
CRÍTICA
Manuel
Martínez March
Humanidad.
Mucha humanidad es lo que encontramos dentro de
esta película. Confieso que hacía mucho tiempo
que una cinta no me llegaba tan adentro como
ésta. No por el tema tratado o por motivos
personales. Simplemente, por lo que es.
Y lo que es
es una magnífica obra cinematográfica
basada en un guión sin una sola fisura, lleno de
verdad y humor pero no exento de drama.
Es decir, como la vida misma. Y eso, visto en una
pantalla, te deja sin aliento. Cuando de pronto
te das cuenta de que estás llorando pero riendo
al mismo tiempo, en un solo momento; cuando acaba
la proyección y el público se resiste a
abandonar la sala, conmocionado, vivo, no se
puede dejar de pensar que lo que se acaba de ver
es algo más que una simple película.
El hijo
de la novia recibe este título puesto que
el personaje principal es el hijo de un
matrimonio anciano cuyo padre, un grandioso Héctor
Alterio, desea realizar uno de los mayores
deseos de su esposa, ahora consumida por el mal
de Alzheimer: casarse por la iglesia. Apoyándose
en este punto de partida anecdótico, la
película habla de la crisis vital de su
protagonista, de sus relaciones con el
mundo, de su trabajo, sus frustraciones,
etcétera. Así, a partir del primer cuarto de
hora comienza un tour de force emocional que
llena de vida la sala. De vida en el sentido
literal. Haciendo reír, llorar, indentificarse
al espectador de una manera tan efectiva que deja
atónito.
Podría
hablar de las magníficas interpretaciones o de
la muy correcta puesta en escena, incluso de una
gran banda sonora, pero todo eso no son más que
datos técnicos. Y ante un espectáculo como el
que es El hijo de la novia, todos
sobran. Lo que hay que hacer es llegar al cine,
comprar la entrada, esperar a que se apaguen las
luces y disfrutar de esta maravillosa
película. A quien tenga el más mínimo
rastro de humanidad le gustará. Buen provecho.
Imágenes
de El hijo de la novia - Copyright © 2001 Pol-Ka
Producciones, Patagonik Film Group, Jempsa y
Tornasol Films. Todos los derechos reservados.
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