CRÍTICA
Josep
Alemany
ADIÓS A LAS ARMAS
No soy, ni
mucho menos, un incondicional de los productos de
la fábrica Tarantino tal como
quedó configurada con Pulp
Fiction.
Su primera
película, Reservoir Dogs, no
desplegaba tanta pirotecnia. La banda de
atracadores estaba formada por un conjunto de
actores muy convincentes, la narración se
construía mediante flash-backs concebidos como
minirretratos de los personajes estructura
deudora de Atraco perfecto (The
Killing), de Stanley Kubrick,
Tarantino salía airoso de las escenas más
difíciles. Reservoir Dogs, en definitiva,
era mucho mejor que la película que vino a
continuación.
Desde
luego, no se pueden negar las cualidades de Pulp
Fiction: dominio de los recursos
cinematográficos, variedad de estilo y de ritmo
según la historia, acrobacias narrativas.
Tampoco se pueden negar los defectos: actores
desiguales unos excelentes (Bruce
Willis), otros no tanto, diálogos
pesados (en particular la cháchara de Jules),
salidas fáciles, abuso de los fuegos
artificiales. En Pulp Fiction, Tarantino
es un cineasta dotado de cualidades que él mismo
se encarga de echar a perder. Ahora, sin embargo,
ha decidido pasar página y con Jackie Brown nos
ofrece una película lograda de cabo a rabo.
La metamorfosis de
Tarantino coincide con la de la actriz principal,
Pam Grier, estrella
de blaxploitation en los años setenta. En
la primera escena, Pam Grier, acompañada por la
música de las películas de acción, se desplaza
por el aeropuerto sobre una cinta automática, a
continuación echa a correr... y acaba fichando
en el trabajo y cogiendo los billetes de los
pasajeros. En ese comienzo, tanto Tarantino como
Pam Grier dicen adiós a las armas, pasan del
género del pim-pam-pum al cine con personajes de
carne y hueso.
Por otra
parte, el adaptar una novela de Elmore
Leonard (Rum Punch) con dos
protagonistas que ya han llegado a la cuarentena
le ha ayudado a Tarantino a distanciarse de su
cine anterior. Sin abandonar el género
negro, Tarantino ha sabido mantener el equilibrio
entre el anclaje en la realidad y el dispositivo
de la intriga. Logra una dosificación perfecta.
La
primera parte la dedica, más que nada, a
presentar a los personajes. Sin prisa.
El prólogo con Ordell (Samuel L.
Jackson) puede parecer largo (casi quince
minutos); en realidad, es imprescindible para
entender su manera de actuar y lo que ocurrirá
más adelante.
De la
galería de personajes, la aportación más
innovadora es, sin lugar a dudas, Jackie Brown
(Pam Grier), una azafata negra de cuarenta y
cinco años que sobrevive en una situación
laboral miserable. Por si fuera poco, se ve
asediada por la presión paralela de la
delincuencia y la policía. (Pensándolo bien,
¿qué diferencia existe? Al fin y al cabo,
quieren instrumentalizarla por igual.) Y entonces
conoce a otro superviviente, Max Cherry (Robert
Forster), el agente de fianzas. En el
momento más oportuno. Se ayudarán mutuamente en
la difícil partida que juegan contra unos y
otros. Entre los dos los auténticos
protagonistas de Jackie Brown surgen
las emociones más intensas.
TRAMA
COMPLEJA CON INGREDIENTES SENCILLOS
Al
mismo tiempo que caracteriza a los personajes,
Tarantino va construyendo poco a poco la intriga,
que ocupará el lugar central en la segunda parte
de la película. La trama se basa en el
despliegue de tres maquinaciones
concebidas, respectivamente, por los
delincuentes, la policía y el tándem
Jackie-Max y en su encaje o colisión. Como
siempre, un incidente imprevisto el
acólito de Ordell mata a Melanie (Bridget
Fonda) trastoca los planes mejor
ideados. Y, paradójicamente, facilita los
objetivos de Jackie y Max.
Las tres
estratagemas, desplegadas a la vez, tejen una
maraña compleja, a pesar de no tener nada de
espectacular, como demuestra el momento
culminante, la segunda entrega de dinero. Le ha
bastado a Tarantino una combinación
sencillísima: el intercambio de bolsas en unos
probadores de ropa. Todo estriba en la manera de
filmar: los hechos se relatan con un cronometraje
minucioso y desde tres puntos de vista.
Dicho
episodio, en las antípodas de los fuegos
artificiales de la etapa anterior, es el mejor
exponente del nuevo estilo de Tarantino: mesurado
pero intenso. Los diálogos, ¡por suerte!, son
escuetos, y a menudo chisporrotea en ellos un
humor negro de lo más sutil. Hay, por supuesto,
violencia y sangre, elementos imprescindibles en
el género negro. Pero reducidos al mínimo.
Cuando el compinche de Ordell le dispara, ni
siquiera vemos cómo Melanie recibe las balas.
Oliver
Stone con Giro al infierno y
Tarantino con Jackie Brown han dado un
giro sorprendente con resultados opuestos. A un
director que nos gusta (Oliver Stone), el
experimento no le ha salido bien. Y a un director
que no nos gustaba mucho (Quentin Tarantino), le
ha salido redondo. Era de justicia constatarlo.
No hay que ser dogmáticos.
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Imágenes
de Jackie Brown - Copyright © 1997 Miramax
Films, A Band Apart, Lawrence Bender Productions
y Mighty Mighty Afrodite Productions. Todos los
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