CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Puntuación:
8.25 / 10
Banda sonora: *****
 Es cierto, las películas de
animación de la Disney son las mejores,
ninguna otra productora ha podido todavía
vencerle, a pesar de haberse acercado bastante.
Sin embargo, Disney siempre está por delante, no
sólo por la calidad técnica de sus productos,
sino por el contenido de los mismos, por sus
cuidados guiones. Puede que la originalidad ya no
sea la misma, pues se plantean continuamente los
mismos temas en todas las películas de la nueva
etapa de esta mítica productora (chico/a conoce
chica/o; la amistad; la importancia del mundo
interior de una persona), pero como el
entretenimiento, la emoción y la diversión
están asegurados, uno termina de ver la
película y se siente tremendamente satisfecho;
ha merecido la pena. Ahora bien, Disney tiene que
plantearse de una vez por todas realizar una
película de animación sólo para adultos;
porque, en realidad, Tarzan no es un filme para niños. Las
escenas claramente destinadas para ellos se
encuentran añadidas en un contexto que se
dirige, obviamente, a aquellas personas que ya
han abandonado la infancia.
 Tarzan comienza con una
maravillosa introducción que, en apenas unos
minutos, nos explica la historia de un niño que
es adoptado por los gorilas. Recurso
típico desde La Bella y la Bestia, Disney suele realizar
estos prólogos para enganchar al espectador (de
hecho, Dreamworks los imitó magistralmente para El
Príncipe de Egipto), y doy fe de que aquí lo
consigue. No se puede ser más conciso y a la vez
contar tanto en tan poco tiempo. Incluso uno
percibe en estos momentos cómo el tono de la
historia no nos guiará por situaciones tan
infantiles como en otras ocasiones (por
increíble que parezca, los directores han
preferido que veamos cómo una gorila, aquélla
que se hará cargo de Tarzan, va a perder a su
cría). El drama comienza pues, y no ya sólo por
este trágico suceso, sino también por el hecho
de que el jefe de la manada no acepte al bebé
humano de Kala (por cierto, maravillosamente
animado). Esto último es algo que nota Tarzán
enseguida, todavía de niño, pues pregunta a su
madre por qué él es diferente, y ello da lugar
a una emotiva secuencia en la que Kala le enseña
la verdadera relación que hay entre ellos, que
es lo que cuenta.
 Cuando
Tarzán crece la portentosa técnica de los
animadores de la Disney hace su aparición;
se trata de un hombre (por cierto, es de
agradecer que su rostro no sea el de un típico
guaperas) que se mueve como los gorilas, y que
trepa por los árboles y se balancea por las
lianas a una velocidad pasmosa. Se produce aquí
el encuentro del protagonista con Jane, una mujer
de armas tomar, inteligente y sabedora de lo que
quiere. Son secuencias humorísticas destinadas
al público adulto, muy diferentes a las que
vimos cuando Tarzán era sólo un crío. Por otra
parte, el hombre de la selva se percata de que
él es un humano, y la forma en que lo reflejan
los directores es de lo más acertada (sin
olvidarme de la música de Mark
Mancina, que
juega un papel importantísimo en esta escena).
Los veinte minutos finales son, sin duda, lo
mejor. La emoción, la traición y la acción se
juntan para formar los momentos más vibrantes de
la película. Tarzán opta por dejar a los suyos
(atención a la escena en la que se despide de su
madre), pero la felicidad no es algo que lo vaya
a acompañar. La brutalidad con que se presentan
las acciones de Clayton, protegido tras esa noche
enrojecida por las luces que los cazadores
generan, puede hacer pasar algo de miedo a
determinados niños. Y es que, más que en otra
película Disney, la muerte está presente en
este filme, no ya por la pérdida de algunos
personajes, sino porque visualizamos la forma en
la que fallecen.
 En todo caso, Tarzan es una
maravilla, un producto digno de ser visto una y
otra vez, impregnado de una magia especial y
tremendamente diverso en su contenido,
por lo que, al igual que en
La Amenaza
Fantasma,
está hecho para contentar, al menos en alguna
parte de su metraje, a todo el mundo. De hecho,
la historia de amor es preciosa, infinitamente
superior a cualquiera de las que hoy en día nos
presenta Hollywood. Cuando llega el final y vemos
a todos los personajes, con Jane y Tarzán a la
cabeza, balanceándose por los árboles, uno sabe
que ha vivido una inmensa aventura, que lo ha
pasado bien, que ha presenciado un auténtico
espectáculo de imágenes, sentimientos y
música.
Lo que sí es curioso comprobar es
cómo los directores han modernizado, más que
nunca, la forma en la que se nos presentan los
acontecimientos. Las secuencias de acción son
agilísimas, incluso a veces demasiado rápidas
(la estampida de los elefantes), pero, sin
embargo, el espectador sabe lo que está
sucediendo en cada momento. En todo caso, no se
obvian los detalles clásicos, como el
inconfundible estilo humorístico de la escena
del campamento. Eso sí, y al igual que en Mulan, han preferido que la
personalidad del malo de turno, Clayton, no fuera
tan arrolladora como la de Frollo o Jafar, algo
que incluso se echa en falta últimamente, pero
bueno... Ah, por cierto, Tarzán, cuando es
niño, está muy bien doblado, un ejemplo a
seguir en otras producciones no animadas.
 La banda sonora de Tarzan la escuché
mucho antes de ver la película. Desde un primer
momento me di cuenta de que las canciones eran
muy distintas a todo lo que antes habíamos
escuchado, porque ni siquiera Elton John pudo mantener su estilo en
El Rey León; Phil Collins sí ha podido hacerlo, y
ha sido ésta una apuesta arriesgada, abriéndose
a partir de ahora un nuevo camino en las
películas de animación (¿por qué los
personajes han de cantar siempre?). Muchos han
sido los que han criticado a Collins por lo
típicas que son sus canciones; la verdad, yo no
soy un seguidor de este cantante, pero lo
defiendo porque he disfrutado mucho escuchando su
trabajo para Disney. Eso sí, algunas veces es
difícil entenderle en español, por lo que hay
que prestar más atención de lo debido a sus
palabras. Por otra parte, tan importante es la
función de Mark Mancina en la película como la
del propio Collins; no sólo arregla
magistralmente algunas de sus canciones,
dotándolas de una nueva vida, sino que se atreve
a componer una partitura que mejora las melodías
realizadas por el antiguo integrante del grupo Genesis. Es una banda
sonora que mezcla lo clásico y lo moderno,
el estilo de Menken con el del propio Mancina. Es una
pena que en el CD sólo encontremos unos pocos
temas de este autor; en general, yo destacaría,
por su profundidad musical, secuencias como la de
Jane viendo a los gorilas mientras la cámara la
rodea, Jane y Tarzán cuando juntan sus manos
subidos a un árbol y con la lluvia rodeándoles,
Kala enseñándole a Tarzán que no son tan
diferentes (Mancina introduce aquí una deliciosa
versión del tema «You'll Be in My Heart»), todas las secuencias de
acción (no sólo la del final, sino también una
muy breve en la que Tarzán se desliza con Jane
en sus brazos, los dos huyendo de los mandriles)
y, finalmente, Jane y Tarzan abrazándose en el
agua, uniéndose aquí la música perfectamente
con las imágenes. En definitiva, un trabajo
soberbio, merecedor de ser nominado al Oscar. Una
de las mejores bandas sonoras de Mark Mancina,
o al menos una de las más difíciles, pues logra
integrar su música con las imágenes y en
ningún momento desentonan unas de otras.
ENLACES
Datos en la
IMDB
Imágenes de "Tarzán" -
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